Tengo una amiga y compañera de trabajo (E., logopeda), que cada noche recoge en un cuaderno las cosas bonitas que le han ocurrido a lo largo del día. Yo, que no soy tan valiente como ella, todavía no me he decidido a hacerlo por miedo a que el balance me salga negativo.
Sin embargo, esta semana quizá sí hubiera merecido la pena empezar una bitácora de ésas.
Esta semana, he recibido un correo de S. (terapeuta ocupacional) en el que me dice que después de meses se ha decidido a escribirme y pedirme consejo. Me cuenta que, aunque hasta ahora no trabajaba con niños, leer el blog ha sido una motivación para empezar a formarse en Pediatría. Y eso a mí me sorprende y emociona a partes iguales.
Esta semana,
Begobolas ha decidido que le va a hacer una
granja de colores a mis niños. Mientras el equipo técnico le preparamos un baile para agradecérselo, no deja de conmoverme la cantidad de gente BUENA de corazón que puede llegar a haber detrás de una pantalla.
Esta semana, la transformación irreversible de canitas incipientes en Gizmo venido a menos...

...ha acabado por conducirme definitivamente y con carácter de urgencia, a la peluquería más cercana. Allí he conocido a Luis Miguel. Un peluquero conquense de 20 años, que sueña con fugarse a Estados Unidos con su pareja porque, según dice, éste no es país para jóvenes. Lo dice tan contento mientras me deja, según él, como una
celebrity (a pesar de mi insistencia en que voy a trabajar y no a los premios Grammy), que por un momento olvido el drama que hay detrás de sus palabras. Me comenta, además, que es cantante y ha subido a Youtube el
Halleluyah de Leonard Cohen, aunque lo que realmente le gusta de verdad, es cantar copla (¡!). Él también es artista -me dice presentándome a un cliente de unos 17 años. ¡Toca el piano!. Apunto en mi libretita, junto al vídeo del peluquero, dónde puedo encontrar su
interpretación. Me sumo al momento almodovariano total que estoy viviendo y les cuento que tengo un blog. Se muestran entusiasmados, pero no tanto como yo al decirme el pianista que su padre también es terapeuta ocupacional y que él está haciendo Bachillerato de Ciencias de la Salud, porque sueña con seguir los pasos de su progenitor el día de mañana. Contengo las lágrimas pensando que hace doce años, cuando yo empecé a estudiar la carrera en la universidad, la mayoría de la gente me miraba como si les hablara de un nuevo y revolucionario movimiento
okupa.
Esta semana, Medio Limón ha estado de baja sin poder ir a trabajar, ardiendo de fiebre y sintiendo que le faltaba el suelo bajo los pies a cada paso que daba. Aunque en principio esto, evidentemente, no es algo bueno, al menos ha permitido que por primera vez en seis años, pueda despertar a su lado el día de mi cumpleaños.
Esta semana, he saboreado ese mágico viaje a Granada para el que ya queda muy poquito y esa desvirtualización de mi futura doula, asesora de lactancia, porteo y sobre todo amiga, que es Mariló de
Tres amores y un millón de aficiones.
Esta semana, el rubio más guapo del mundo, ha celebrado su primer cumpleaños sin oxígeno, correteando por todas partes echándonos los brazos y lanzando besos volados. En la tarjeta que le hemos regalado protagonizada por Dora la Exploradora, le hemos hecho prometer que cuando sea mayor y la lea, volverá para dar una abrazo a estas abuelillas que tanto le quisieron un día.
Esta semana, he llegado a los veintitodos. La mañana del jueves, al abrir la puerta del Centro, comenzó a sonar el Cumpleaños feliz de Parchís y encontré:
-Carteles anunciándolo por todos los rincones:
-Una gincana como metáfora del nuevo camino que comienza:
-Y una sala de Terapia Ocupacional repleta de globos:
Por la tarde, entre música y confetti, recibí una lluvia de preciosos regalos en diferentes cajas sensoriales. ¡Hasta se curraron un columpio para representar el sistema vestibular! (¿¿se puede tener compañeras más grandes??):
Y una postal muy emotiva acompañada de unos lindos pendientes de nuestra compañera B. desde Chile (¡gracias corazón por hacerte sentir muy cerca, aunque estés tan lejos!).
Esta semana reconozco que, como en aquella famosa canción, la vida me ha dado unos cuantos besos en la boca y he vuelto a ser feliz como una niña...